Tras la polémica desatada por un salario de 91.445 euros, el alcalde de Torrelodones congela los sueldos

Después de la polémica desatada por la subida de un 38% del salario para los cargos públicos del Ayuntamiento de Torrelodones, el alcalde, Carlos Galbeño, ha anunciado una congelación de retribuciones, y ha renovado el compromiso que manifestó en 2003 de permanecer sólo dos legislaturas en el cargo.

El motivo de que este tema haya desatado toda una polémica en los medios de comunicación es que el alcalde iba a tener un salario superior a los 91.445 euros, según ha denunciado el grupo de la oposición Vecinos por Torrelodones, en declaraciones que han sido publicadas por el diario El Mundo.

Esta cantidad de dinero le convertía en el regidor mejor pagado de España, después del de Barcelona, incluso mejor que el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, y la presidenta regional, Esperanza Aguirre.

Después del revuelo producido, el secretario general del Partido Popular de Madrid, Francisco Granados, anunció el pasado 25 de junio, en el programa de Manuel Marlasca en Onda Madrid, la decisión que le había comunicado el día anterior el alcalde de Torrelodones de proceder a una congelación salarial de las retribuciones de los cargos públicos de la corporación local.

Ausencia de legislación sobre los sueldos

Por su parte, el alcalde de Torrelodones, Carlos Galbeño González, ha emitido un comunicado de prensa en el que aclara las razones de esta decisión que ha tomado.

En su comunicado expone que el pasado 21 de junio, el Ayuntamiento de Torrelodones celebró su Pleno de Organización, el que cada cuatro años, tras un periodo electoral, marca las pautas de funcionamiento municipal para la Legislatura.

“En esta sesión -indica el alcalde-, el Pleno, máximo órgano de representación de la ciudadanía, aprobó entre otras muchas cuestiones las retribuciones a percibir por los cargos públicos, tanto del Gobierno como de la Oposición, que no se revisan hasta pasados otros cuatro años”.

Según explica Carlos Galbeño, así ha sido siempre en Torrelodones y en la mayoría de municipios que, “ante la ausencia de legislación al respecto, fijan el sueldo bruto anual del alcalde en un euro más que la nómina del funcionario habilitado del Ayuntamiento con mayor remuneración”.

Con este sistema, pactado por todos los partidos políticos desde hace varias legislaturas, se pretende que el máximo responsable municipal no perciba unos emolumentos menores que los funcionarios a su cargo, pero al tiempo establece un límite máximo.

“El sueldo del alcalde no se lo pone él a su libre criterio”

“Además -se defiende Galbeño-, en el caso de Torrelodones, el alcalde renuncia al resto de retribuciones que debería percibir por otros conceptos, a diferencia de lo que puede suceder en multitud de municipios. El sueldo del alcalde, por tanto, no se lo pone él a su libre criterio, sino que lo establece el Pleno basándose en un acuerdo de consenso”.

“Soy funcionario público desde hace 42 años y alcalde de Torrelodones desde hace cuatro -indica Galbeño-. El único objetivo que ha presidido mi carrera profesional ha sido y será siempre la del servicio público. Mi máxima compensación como alcalde ha sido y será siempre la de poder servir a nuestro pueblo, Torrelodones, y a sus vecinos”.

Ésta será la última legislatura de Carlos Galbeño

“Nunca, una motivación económica, por alta que fuera -añade-, podría suplir la satisfacción de trabajar 365 días al año por hacer realidad los proyectos que mejoran nuestra sociedad y el bienestar de los torrelodonenses. No tengo otra aspiración política más allá de cumplir un proyecto de ocho años por el que recibí, junto a mi Equipo de Gobierno, la confianza de los ciudadanos en 2003 y en 2007. Ya anuncié en aquellas primeras elecciones mi intención de permanecer sólo dos legislaturas en el cargo, y hoy renuevo el compromiso”.

Galbeño asegura que es precisamente esa confianza otorgada por sus vecinos la que le ha llevado a la conclusión de “no permitir que una polémica, aun basada en falsas comparativas y artificialmente impulsada por una determinada fuerza política se convierta en un debate público que pueda ofrecer una imagen absolutamente equivocada de los motivos que, en su día, me hicieron entrar en política, y que no son otros que los anteriormente expuestos”.

“Soy sensible a la opinión de los ciudadanos -reconoce el alcalde-, y creo que es obligación de todos los que nos dedicamos al servicio público intentar dignificar la política y evitar cualquier sombra de duda sobre nuestras actuaciones. Si para lograrlo, hemos de renunciar a la cumplimentación del acuerdo plenario del pasado 21 de junio, no tendremos ningún reparo en hacerlo, congelando las retribuciones de los cargos públicos en esta Legislatura en la cuantía que percibieron en la anterior. Espero ahora, que esta determinación sea secundada por el resto de grupos políticos de la Corporación Municipal”.


 Fecha de edición del texto: 1 de julio de 2007

 

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