Lipoatrofia: cuando la cara es el espejo del sida

Algunos fármacos que combaten el VIH eliminan la grasa del rostro y extremidades, delatando al paciente seropositivo. Para evitar sufrir la lipodistrofia, muchos pacientes pueden llegar a abandonar el tratamiento y sufrir de nuevo la invasión del VIH.

El sarcoma de Kaposi, ese destructivo tumor que se extiende por la piel desde la cintura al rostro, fue en otro tiempo el estigma visible del VIH, hasta que llegaron los potentes fármacos antirretrovirales que prácticamente eliminaron las infecciones oportunistas definitorias de sida.

Hoy, cuando ya esta enfermedad se ha convertido en crónica, la lipoatrofia, pérdida de grasa en cara y extremidades ha vuelto a acaparar la atención de los expertos y los pacientes.

Se trata de una de las alteraciones metabólicas derivadas del tratamiento anti-VIH que trae de cabeza a los científicos, dadas las incógnitas sobre orígenes y causas que todavía la rodean. Globalmente tal fenómeno se conoce como lipodistrofia, y ha sido el centro de debate entre los expertos en un congreso celebrado en Los Angeles.

Diferencias entre lipohipertrofia y lipoatrofia

Cuando la grasa se acumula en zonas determinadas (tronco, pechos, cerviz), se denomina lipohipertrofia. Por el contrario, la pérdida de grasa en las extremidades (brazos, piernas, nalgas) y en el rostro, recibe el sobrenombre de lipoatrofia. En este caso, las venas de brazos y piernas se marcan en relieve llamativo y el rostro recuerda el perfil de la media luna (“moon face”, según lo bautizaron los anglosajones en sus comienzos).

La lipohipertrofia y la lipoatrofia pueden perfectamente coexistir en el mismo paciente.

De la supervivencia a la calidad de vida con el sida

Desde una década a esta parte, con la aprobación de nuevos fármacos capaces de eliminar prácticamente al virus de la sangre, la enfermedad por VIH se ha ido convirtiendo en crónica, con lo cual la meta de los pacientes ya no es simplemente sobrevivir, sino recuperar plenamente su normalidad vital, en lo que se refiere a calidad de vida y a aspecto físico.

Para los pacientes, la lipoatrofia es hoy el estigma que más les preocupa, por cuanto es visible y difícil de ocultar, produce una imagen corporal de deterioro físico que no corresponde al estado general del organismo y provoca en estas personas la sensación de ir anunciando por la calle que son VIH positivos.

Estas características desafortunadas son especialmente penosas en el caso de las mujeres, así como de colectivos que acostumbran a prestar especial atención a su aspecto físico (es el caso de los gays), y asimismo, en general de muchas personas preocupadas por ocultar su enfermedad a su familia, sus amigos, su entorno social…

El rebote del virus VIH, su mutación y resistencia a los fármacos

Pero, además, la lipodistrofia puede conducir al fracaso terapéutico, cuando el paciente, por evitar el signo externo del VIH, reduce o abandona el cumplimiento de la medicación. La consecuencia es el rebote del virus y su mutación hacia variantes resistentes a los fármacos, con lo que éstos quedan inservibles.

La aplicación de inyecciones subcutáneas de colágeno para rellenar los surcos marcados por la desaparición de la capa grasa de la cara es un recurso al que algunos pacientes afectados por lipoatrofia, que se lo podían permitir, comenzaron a acudir hace ya algunos años. Pero el coste y la discutible efectividad de esta operación a medio y largo plazo no parecen haberla popularizado.

Lo que los expertos en lipoatrofia aconsejan, ahora con más evidencia científica, es analizar la toxicidad de los fármacos y escoger la opción mas benigna, siempre que las circunstancias lo permitan.


 Fecha de edición del texto: 27 de enero de 2007

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