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Salud
Lipoatrofia:
cuando la cara es el espejo del VIH
Algunos fármacos para combatir el VIH eliminan la
grasa del rostro y extremidades, delatando al paciente seropositivo. Para
huir de la lipodistrofia, muchos pacientes pueden llegar a abandonar el tratamiento
y sufrir de nuevo la invasión del VIH, según aseguran los expertos
en un congreso celebrado en Los Angeles.
INFOSIERRA /los angeles-27 de Abril de 2007
El sarcoma de Kaposi, ese destructivo tumor que se extiende
por la piel desde la cintura al rostro, fue en otro tiempo el estigma visible
del VIH, hasta que llegaron los potentes fármacos antirretrovirales
que prácticamente eliminaron las infecciones oportunistas definitorias
de SIDA.
Hoy, cuando ya esta enfermedad se ha convertido en crónica,
la lipoatrofia, pérdida de grasa en cara y extremidades ha vuelto a
acaparar la atención de los expertos y los pacientes.
Se trata de una de las alteraciones metabólicas derivadas del tratamiento
anti-VIH que trae de cabeza a los científicos, dadas las incógnitas
sobre orígenes y causas que todavía la rodean. Globalmente tal
fenómeno se conoce como lipodistrofia.
Lipohipertrofia y lipoatrofia
Cuando la grasa se acumula en zonas determinadas (tronco, pechos, cerviz),
se denomina lipohipertrofia. Por el contrario, la pérdida de grasa
en las extremidades (brazos, piernas, nalgas) y en el rostro, recibe el sobrenombre
de lipoatrofia. En este caso, las venas de brazos y piernas se marcan en relieve
llamativo y el rostro recuerda el perfil de la media luna ("moon face",
según lo bautizaron los anglosajones en sus comienzos). La lipohipertrofia
y la lipoatrofia pueden perfectamente coexistir en el mismo paciente.
De la supervivencia a la calidad de vida
Desde una década a esta parte, con la aprobación de nuevos fármacos
capaces de eliminar prácticamente al virus de la sangre, la enfermedad
por VIH se ha ido convirtiendo en crónica, con lo cual la meta de los
pacientes ya no es simplemente sobrevivir, sino recuperar plenamente su normalidad
vital, en lo que se refiere a calidad de vida y a aspecto físico.
Para los pacientes, la lipoatrofia es hoy el estigma que más les preocupa,
por cuanto es visible y difícil de ocultar, produce una imagen corporal
de deterioro físico que no corresponde al estado general del organismo
y provoca en estas personas la sensación de ir anunciando por la calle
que son VIH positivos.
Estas características desafortunadas son especialmente penosas en el
caso de las mujeres, así como de colectivos que acostumbran a prestar
especial atención a su aspecto físico (caso de los gays), y
asimismo, en general de muchas personas preocupadas por ocultar su enfermedad
a su familia, sus amigos, su entorno social...
El rebote del virus y su mutación
Pero, además, la lipodistrofia puede conducir al fracaso terapéutico,
cuando el paciente, por evitar el signo externo del VIH, reduce o abandona
el cumplimiento de la medicación. La consecuencia es el rebote del
virus y su mutación hacia variantes resistentes a los fármacos,
con lo que éstos quedan inservibles.
La aplicación de inyecciones subcutáneas de colágeno
para rellenar los surcos marcados por la desaparición de la capa grasa
de la cara es un recurso al que algunos pacientes afectados por lipoatrofia,
que se lo podían permitir, comenzaron a acudir hace ya algunos años.
Pero el coste y la discutible efectividad de esta operación a medio
y largo plazo no parecen haberla popularizado.
Lo que los expertos aconsejan, ahora con más evidencia científica,
es que lo más eficaz es analizar la toxicidad de los fármacos
y escoger la opción mas benigna siempre que las circunstancias lo permitan.

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